Cuando tu cabeza va por delante

Durante mucho tiempo, en mi práctica de yoga, no me había dado cuenta de que mi cabeza siempre se anticipaba.

En Paschimottanasana (flexión sentada), tiraba hacia delante, como si así pudiera llegar más lejos con el resto del cuerpo. En Uttanasana (flexión de pie), en cambio, se quedaba arriba, rompiendo completamente la línea de la columna vertebral.

A veces grabo mis practicas para observar mis posturas, lo que me ayuda a evolucionar y ahí lo vi claro. Mi cabeza nunca estaba realmente alineada con mi columna vertebral.

A partir de ese momento empecé a observar más. Primero en mí… y después en mis alumnos.

Y una y otra vez aparecía lo mismo: la cabeza fuera de eje, creando tensiones en el cuello, en los hombros… y cambiando completamente la calidad del movimiento.

¿Te has fijado alguna vez en la posición de tu cabeza?

En casi cualquier movimiento que hacemos, la cabeza tiene tendencia a anticiparse… quiere ir antes que el resto del cuerpo. Esto sucede porque nuestra mirada dirige nuestra intención y nuestro movimiento. Pero esta anticipación tiene un impacto en toda nuestra estructura. Y para entender por qué esto rompe nuestro equilibrio, debemos ver la columna como un puente entre dos polos, si la pelvis es el final de nuestra columna vertebral por abajo, y nos conecta con las piernas, la cabeza es el final por arriba… y nos pone en relación con el mundo.

Y aquí es donde todo se conecta:

La posición de la cabeza cambia en función de la pelvis… y la pelvis, a su vez, influye en toda la columna. Una vez más, el cuerpo funciona como un todo. La columna cervical, igual que la lumbar, está diseñada para ser móvil. Esa movilidad permite orientar la cabeza, adaptarnos, mirar, reaccionar.

Pero cuando la cabeza se va hacia delante, o se cae hacia atrás (haciendo que el mentón se levante ligeramente) pierde su eje, las cervicales empiezan a compensar.
Poco a poco… aparecen tensiones en cuello, trapecios, hombros. Y esto ocurre porque según su posición, la cabeza puede volverse mucho más pesada para el cuerpo.

Hoy en día, en plena era digital, esto es cada vez más frecuente. El uso constante de móviles, tablets o portátiles hace que la cabeza pierda su centro. Y entonces ocurre algo : la musculatura de la espalda tiene que trabajar más para sostenerla, para “tirar” de ella hacia atrás, y si esto perdura en el tiempo la musculatura se fatiga, se contractura y deja de funcionar correctamente.
Es entonces cuando la estructura ósea empieza a modificarse; los huesos acaban cediendo a la gravedad y la estructura cambia, apareciendo la tan temida cifosis dorsal o, más conocida, como «chepa».

Te propongo algo muy sencillo: observar.

La posición de la cabeza no solo afecta a tu postura:
También influye en tu respiración, cuando la cabeza se adelanta, el pecho tiende a cerrarse y la respiración pierde espacio.
Y además, tiene un impacto a nivel nervioso. La columna vertebral es el eje del sistema nervioso, y cuando ese eje se altera, pueden aparecer compresiones o tensiones innecesarias.

Observa cómo se comporta tu cabeza en tu día a día:

* Cuando te levantas de una silla, ¿qué se mueve primero, tu pelvis o tu cabeza? En realidad la cabeza simplemente debería acompañar el movimiento.
* Al caminar hacia algún sitio, ¿tu cabeza va por delante de tu pecho?
* Al mirar el móvil, ¿cuánto dejas caer tu cabeza hacia abajo?
* Cuando practicas yoga, ¿tu cabeza intenta “llegar” antes a la postura, arrastrando al cuerpo?
* En yoga en Savasana (la relajación final), ¿sientes que necesitas un cojín bajo la cabeza?

Este último punto aunque parece un detalle insignificante, es una señal clara: si tu cabeza tiene tendencia a adelantarse en el día a día, al tumbarte, la musculatura del cuello y del pecho generará una tensión que te impedirá apoyar la cabeza con naturalidad. El suelo funciona como una guía que nos muestra dónde estamos perdiendo el eje.

¿Qué podemos hacer?

Primero tomar consciencia: Observar dónde está tu cabeza y cómo se mueve es fundamental para poder empezar a reprogramar nuestra postura.
Segundo trabajo corporal profundo: Como en todo trabajo corporal, es importante trabajar a nivel fascial para soltar tensiones en cuello, nuca, pectoral … pero esto no es suficiente, una vez que liberamos tensión es necesario fortalecer la musculatura que sostiene esa nueva posición, para que se mantenga en el tiempo, de lo contrario, el cuerpo volverá a la tendencia a la que ya se ha acostumbrado.

Siente la diferencia en tu cuerpo …

Te invito a observar estas imágenes en Paschimottanasana (flexión sentada) y si quieres a probarlas . Nota cómo cambia la tensión en tu cuello con solo mover la mirada:

  • Imagen 1 (Alineación): La cabeza sigue la curva natural de la columna. La nuca está larga y relajada. Sientes espacio y continuidad desde la pelvis hasta la coronilla.
  • Imagen 2 (Anticipación): La barbilla tira hacia delante y hacia arriba. Nota cómo se comprime la nuca y aparece tensión inmediata en la base del cráneo y los trapecios.
  • Imagen 3 (Colapso): La cabeza pesa hacia abajo, hundiendo la barbilla. Aquí la espalda alta se redondea en exceso (la «chepa») y el cuello se fatiga al sostener el peso fuera de su eje.

    Si mi flexibilidad no me lo permite, no necesito ir más allá con mi postura, trabajaré mucho más cómodo, obtendré mejores resultados y podré respirar mejor si me quedo un poco más arriba y permito que todo se alargue sin forzar.

Cuéntame… ¿ves y notas la diferencia?, ¿lo has probado en tu cuerpo?
Si te apetece ir un poco más allá, puedes observarte desde fuera: grabarte o hacerte una foto. Y si en algún momento sientes que te ayudaría otra mirada, podemos explorarlo juntos. No dudes en enviarme la foto o el vídeo, me gustará recibirla y ayudarte.

Te invito a observar porqué es ahí dónde empieza el cambio.

En el próximo articulo ...
Seguiremos explorando nuestro cuerpo.

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