Cuando la rodilla avisa

Nunca he tenido problemas de rodillas en el sentido clásico de dolor o inflamación.
Sin embargo, mis rodillas ya me estaban diciendo algo en mi práctica de yoga.
Cada vez que hacía un salto, al aterrizar no era estable y por lo general mis rodillas colapsaban ligeramente hacia dentro.
Durante mucho tiempo no le di importancia, hasta que me di cuenta de que en realidad me estaban indicando una debilidad en otra parte del cuerpo.

La semana pasada hablamos del bloqueo articular del codo y la rodilla y las consecuencias que esto podría tener. Hoy vamos a mirar más de cerca la extremidad inferior y ver como los dolores o molestias en la rodilla rara vez están relacionados con la rodilla.

La rodilla: una articulación diseñada para moverse en una dirección

La rodilla es, esencialmente, una articulación de bisagra, cuya función principal es la flexión y extensión. Gracias a ella podemos caminar, subir y bajar escaleras, sentarnos o levantarnos del suelo o de una silla.

Existe también un pequeño movimiento de rotación, pero es muy limitado. Este movimiento sirve sobre todo para absorber pequeñas variaciones durante la marcha o cambios de dirección. Pero la rodilla no está diseñada para compensar grandes desequilibrios. Cuando tiene que hacerlo de forma repetida, empiezan a aparecer tensiones, sobrecargas o molestias.

Cuando la rodilla habla

Cuando la rodilla empieza a “hablarnos” a través de molestias o dolores, nos está alertando que algo en otra parte del cuerpo no está funcionando correctamente. En ese sentido, la rodilla funciona como un chivato. Es la articulación que empieza a protestar cuando otras partes del sistema no están haciendo correctamente su trabajo.

Imagina que estás conduciendo y de repente se enciende una luz en el cuadro de mandos del coche. Cuando vemos esa luz, nadie piensa que el problema está en el cuadro de mandos.
Sabemos que esa luz es simplemente un aviso.
Puede significar que el coche se está quedando sin gasolina, que el aceite está bajo o que el motor necesita revisión. Lo que hacemos normalmente es buscar la causa del problema para solucionarlo y no tapamos la luz para no verla.

Con el cuerpo ocurre algo muy parecido. Cuando una molestia, dolor o desajuste aparece, la mayoría de las veces está avisándonos que está compensando porque otra parte del cuerpo no puede hacer su trabajo.

Para entender qué está pasando, es importante mirar las articulaciones que trabajan junto a ella. La rodilla está situada entre dos grandes centros de movimiento:

  1. La Cadera y la Pelvis (El control superior): La cadera es una articulación diseñada para la movilidad, la rotación en múltiples direcciones, encargada de dar estabilidad y control a toda la extremidad inferior. Si los músculos que rodean la pelvis están débiles o la articulación está bloqueada o con falta de movilidad, la rodilla pierde su «guía».
    Al no tener una base estable arriba, la rodilla suele colapsar generando tensión.
  2. El Tobillo y el Pie (La base del edificio): El tobillo tiene una gran capacidad de movimiento lateral y de rotación. Su función es permitir que el pie se adapte a superficies irregulares (piedras, cuestas, baches) manteniendo el resto del cuerpo estable. Si tu tobillo no tiene la movilidad necesaria para flexionarse mientras caminas, no podrá gestionar el impacto contra el suelo y el cuerpo buscará ese movimiento en otra parte. Generalmente, la rodilla se ve obligada a rotar más de lo que su anatomía le permite para compensar la rigidez del pie. Poco a poco, esa compensación constante genera con el tiempo sobrecarga, inflamación o desgaste.

Cuando el sistema vuelve a funcionar

La buena noticia es que, en muchos casos, cuando se identifica el origen del problema y se restablece el movimiento donde falta, la rodilla deja de quejarse.
La clave para una recuperación real y duradera no es tratar la rodilla de forma aislada sino detectar qué es lo que está causando el problema.

Cuando identificamos que el origen es un tobillo rígido, una cadera débil o una pelvis con falta de movimiento y trabajamos para devolverles su función la rodilla deja de sufrir presiones innecesarias. En ese momento, el cuerpo detecta que ya no hay peligro y la rodilla deja de enviar señales de alerta.

El dolor no siempre significa daño. A menudo es simplemente una señal de adaptación o de alerta. La mayoría de las veces, cuando entendemos el mensaje que el cuerpo está enviando, encontramos soluciones mucho más simples y eficaces de lo que imaginábamos.

Tu turno …

Te propongo un pequeño test para ver la estabilidad de tu extremidad inferior bajo carga:

  • Ponte de pie frente a un espejo.
  • Levanta una pierna y quédate a la pata coja.
  • Ahora, flexiona tu rodilla del pie apoyado sin apoyar la otra en el suelo.
  • Observa tu rodilla en el espejo:
    • Tu rodilla baja recta, alineada con la punta del pie
    • o más bien tu rodilla «baila» o se mete hacia adentro en cuanto flexionas. Si es este último caso es muy probable que la rodilla está compensando la falta de estabilidad en caderas o en tobillos.

¿Has notado que tu rodilla se mantenía firme o ha empezado a «bailar» en cuanto bajabas un poco?
¡Me encantaría saber qué ha pasado! Si te apetece cuéntame tu resultado.

En los próximos artículos seguiremos profundizando en la consciencia corporal y en cómo pequeños ajustes pueden generar grandes cambios en tu bienestar y en tu energía. Te espero la semana que viene para seguir explorando el cuerpo.

¡Subscríbete para no perdértelo!

🧭 Aquí te comparto lo que tiene sentido para mí en este momento, fruto de mis investigaciones y mi experiencia. Tal vez mañana mi visión cambie. Así que escúchate … y quédate sólo con lo que resuene en ti.

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🧘‍♀️ Respira. Muévete. Libérate.
Todo empieza ahí. (Re)conecta con tu equilibrio corporal.

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