Cuando el yoga se convierte en danza

Hoy quiero contaros algo más de mí.
Justo antes de ponerme a escribir este artículo —que en principio iba a hablar sobre āsanas— he vivido una experiencia increíble que ha cambiado por completo el enfoque. Por eso, antes de seguir con el tema original (en el siguiente articulo), quiero hacer un pequeño inciso y compartirla aquí con vosotros.

Para mí, el cuerpo siempre ha sido la puerta de entrada hacia mi interior: una forma de liberar la emoción sin que la mente entre a razonarlo todo.
Y hoy quiero contaros una de esas experiencias donde el cuerpo, la respiración y la mente se encuentran a través de la danza.

No soy una experta en este tema; solo te cuento mi experiencia a través del movimiento, una vivencia que me recordó la fuerza que tiene el cuerpo cuando lo dejas expresarse.

He estado participando en varias sesiones de danza primal y, en esta ocasión, trabajábamos con el chakra 2 —lo que en danza primal se llama capacidad 2: dos horas y media de conexión profunda con el cuerpo, con el elemento agua, el centro del movimiento vital, del placer y de la creatividad, donde la energía masculina y femenina se unen. El espacio donde habita nuestra energía más instintiva y emocional, donde la vida se mueve sin rigidez ni control …. Y donde la consigna era simple y poderosa : «deja que la música te atraviese y guíe tus movimientos

Nada que controlar. Nada que lograr. Solo presencia. Solo cuerpo, respiración y energía moviéndose al ritmo de lo que la música pedía expresar.

Durante un instante, sentí que no había separación entre la música, mi cuerpo y mi respiración. Y aunque no fue así todo el tiempo, había momentos donde la mente se relajaba. El movimiento se volvía espontáneo, orgánico, sin forma fija. Libertad pura… presencia total …

Pero no todo fue tan fácil, ni todo fluyó de principio a fin. El cuerpo a veces se resiste. La mente aparece, quiere controlar, detenerse, abandonar. No quiere sentir. Porque muchas veces la emoción está alojada en alguna parte del cuerpo, y cuando te mueves, se remueve también.
A veces no queremos volver ahí… no queremos ver.
Y, sin embargo, solo a través del cuerpo podemos drenar lo que está escondido, lo que permanece oculto y necesita salir. El cuerpo guarda una historia y con el movimiento cuentas esa historia.

La emoción, el trauma, el bloqueo… puedes entenderlos con la mente —y ese es un paso necesario—, pero solo se liberan cuando los drenas a través del cuerpo.

Baila tu emoción, baila tu dolor, deja que el cuerpo exprese lo que la mente aún no sabe o no puede decir – nos decía la persona que nos guiaba

Y todo esto es presencia: consciencia del momento, conexión con el cuerpo, con la música, con la respiración que te acompaña y con la mente que, por un instante, simplemente sigue el movimiento.

Al terminar, me pregunté: ¿en qué se diferencia todo esto del yoga?

Dos caminos, una misma esencia

En ambos, el punto de partida es el mismo: el cuerpo como puerta hacia la consciencia.
Tanto en la danza primal como en el yoga, el cuerpo deja de ser un objeto que “mueves” para convertirse en un espacio que “habitas”. Lo que cambia es la dirección del viaje.

En la danza primal, el movimiento nace del impulso interior. Es una vía de liberación y expansión. Dejas que la energía circule, que las emociones se expresen, que la vida te atraviese. La música se convierte en un espejo que despierta lo que duerme dentro.

En el yoga, el movimiento también libera, pero con un propósito diferente: canalizar y centrar la energía para volver al eje. Cada gesto, guiado por la respiración, es una invitación a habitarte con más calma.
Es otra forma de moverse hacia el mismo lugar: el encuentro contigo.

De la expresión a la observación

La danza es una vía de expresión: liberar lo que está contenido, reconectar con lo instintivo, permitir que la emoción tome forma.
El yoga es una vía de observación: reconocer lo que emerge, darle espacio y dejar que se transforme.
En la danza, te descubres en el movimiento.
En el yoga, te descubres en el silencio entre los movimientos.

Y, sin embargo, ambos caminos se tocan en un punto común: la presencia.
Cuando la respiración guía, la mente se aquieta y el cuerpo se vuelve presencia, ya no hay diferencia entre uno y otro. Solo hay vida moviéndose a través de ti.

Dos lenguajes, un mismo estado

A veces la presencia llega en la quietud, otras, en el temblor del cuerpo que baila.
A veces necesitas una esterilla, y otras, solo dejar que tu cuerpo se mueva libremente al ritmo de la música, de tu respiración.

Cuando estás plenamente presente —cuando tu respiración te guía y tu mente se rinde al instante—, ya no importa si estás en una clase de yoga, bailando, o caminando en el bosque. Estás en unión contigo misma

“El yoga es el arte de moverse hacia la quietud, y la quietud de moverse con consciencia.”
inspirado en T.K.V. Desikachar

Esta experiencia con la danza primal me recordó, una vez más, que el yoga no empieza ni termina sobre una esterilla. Empieza cada vez que el cuerpo se convierte en puerta y la respiración en guía.
Ya sea en una postura, en una danza o en un simple gesto cotidiano, lo importante es la presencia.

Da igual el modo en que te muevas: a través del yoga, la danza, la gimnasia o el fitness… Da igual el camino.

Hay muchos caminos, y todos son válidos y complementarios.
Cada uno despierta algo diferente: la fuerza, la presencia, la emoción, la calma.
Pero todos conducen al mismo lugar: el encuentro contigo mismo.

Encuentra el tuyo y muévete. Eso es vida, es liberación, y la puerta que te abre a la presencia, la libertad, a tu energía más auténtica.

En el próximo artículo ...
Ahora si ... en el próximo articulo retomamos nuestro tema y te contaré cómo, a través de las āsanas, podemos aprender a escuchar el lenguaje del cuerpo y entender lo que intenta contarnos.


🧭 Aquí te comparto lo que tiene sentido para mí en este momento, fruto de mis investigaciones y mi experiencia. Tal vez mañana mi visión cambie. Así que escúchate … y quédate sólo con lo que resuene en ti.

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🧘‍♀️ Respira. Muévete. Libérate.
Todo empieza ahí. (Re)conecta con tu equilibrio corporal.

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