El yoga no es lo que haces … sino cómo lo haces
“No siempre fue fácil para mí entender qué era realmente el yoga.”
Durante mucho tiempo confundí la práctica con el estado.
Creía que el yoga empezaba cuando entraba en la sala y terminaba con el “namaste” del final.
Hasta que comprendí que el yoga no es algo que haces, sino algo que vives.
Hoy quiero contarte lo que yo entendí del yoga.
Y para hacerlo, me gustaría volver al principio, a mis primeras clases…
Más allá de las posturas: el yoga es presencia
Cuando empecé a practicar yoga, tuve la suerte de tener una profesora excelente del método Iyengar. Las clases duraban dos horas, a veces más, y en ellas aprendí mucho de lo que hoy sé.
Todas las clases empezaban con unos 45 minutos de respiración y meditación.
Y esa era, precisamente, la parte que más me costaba.
Me resultaba insoportable mantener la mente enfocada tanto tiempo. A veces trataba de seguir la respiración… y simplemente no podía. Tenía que parar.
Cuando llegábamos a la meditación, sentía que ese tiempo se alargaba sin fin. Mi cuerpo estaba quieto, pero mi mente seguía corriendo. Pensaba en todo lo que iba a hacer después, en lo que debería haber hecho y seguía sin hacer. Era incapaz de permanecer ahí, y desde luego no era la parte más cómoda para mí.
Con el tiempo entendí que, justamente, eso también era yoga. Porque el yoga no empieza cuando la mente está tranquila, sino cuando empiezas a darte cuenta de cuánto se mueve.
Y eso solo ocurre cuando te das el permiso de parar y no hacer nada, de quedarte en silencio el tiempo suficiente para ver todo lo que pasa por tu mente.
Eso era, sin saberlo, lo que realmente estaba ocurriendo cada vez que llegábamos a la meditación : darme el espacio para escuchar mi propia mente.
Esa fue mi primera gran lección:
El yoga no es una acción, sino un estado al que llegas poco a poco, aprendiendo a estar presente. Cuando dejas de hacer por inercia y vuelves a habitar lo que haces, cuando escuchas esos pensamientos que llegan sin cesar sin intentar cambiarlos…
ahí comienza la presencia.
Lo que significa realmente el yoga para mi
Muy a menudo, cuando hablamos de yoga, pensamos en esterillas, posturas y respiraciones controladas. Pero, en su sentido más profundo, es mucho más que eso.
Es curioso cómo algo tan simple —una palabra que significa unión— puede resultar tan difícil de comprender en su verdadera profundidad.
Según los Yoga Sūtras de Patañjali:
“Yogaḥ citta-vṛtti-nirodhaḥ” —el yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente.
El yoga, por tanto, no es una acción, sino un estado del ser:
un estado de presencia tranquila donde cuerpo, respiración y mente se unifican.
El yoga no es lo que haces, sino cómo lo haces
Hace tiempo escuché una frase que me gustó mucho, inspirada en los principios de abundancia:
“No es lo que haces, sino la emoción con la que lo haces.”
Y creo que el yoga es exactamente eso.
No empieza ni termina con una postura. No es una secuencia de movimientos ni una técnica de respiración. El yoga es una forma de estar, de sentir. Una forma de habitar el instante.
Puedes estar bailando, caminando o fregando los platos… y estar en yoga porque la mente está presente en lo que hace, no se dispersa.
También puedes estar en una clase de yoga sin estar realmente en yoga, con la cabeza en la lista de la compra o en lo que harás después, sin ser consciente de lo que estás haciendo. Y esto lo sé bien, porque yo he estado ahí.
Lo que convierte una acción en yoga no es su forma, sino la consciencia desde la que la realizas.
El yoga ocurre cuando hay intención, presencia y escucha. Cuando tu mente deja de proyectarse y simplemente estás.
Dos cuerpos, una misma clase
Y eso se ve muy claramente en una clase.
Dos personas pueden estar haciendo exactamente la misma práctica, con el mismo profesor, el mismo ritmo y las mismas posturas… y, sin embargo, una puede estar en yoga y la otra todavía no.
¿Por qué?
Porque una está conectada, consciente de su respiración, de su cuerpo y de cómo se mueve.
Su mente está enfocada en la experiencia del momento, sin importarle si llega o no “lejos” en la postura; simplemente siente hasta dónde puede llegar, nota el esfuerzo y, aun así, permanece consciente sabiendo que en el control de su respiración puede calmar las tensiones del cuerpo y así mantener su mente enfocada.
Mientras que la otra, aunque repite los mismos movimientos, tiene la mente en otro lugar:
en la lista de la compra, en las facturas o en lo que hará después de la clase.
Una está presente en lo que hace; la otra simplemente está haciendo. Realiza una práctica física, pero sin presencia, sin escucha.
Y cuando empiezas en el yoga, esto último es lo más normal. No conseguir «estar» todo el tiempo, perderte una y otra vez. Pero justo ahí empieza el camino:
en darte cuenta de cuántas veces pierdes tu presencia y en intentar volver a ella sin desanimarte, ese es el trabajo y eso es el inicio del yoga.
Esa toma de consciencia es, en sí misma, el comienzo de la presencia.
El yoga empieza cuando te haces presente
No cuando el cuerpo se estira, sino cuando la mente se aquieta y la respiración te acompaña, entre el movimiento y la quietud.
Cada día la práctica es diferente, y darte cuenta de ello es esencial para adaptarla y volver poco a poco a ti. No es lo mismo practicar por la noche, después de un día intenso, que hacerlo en un día tranquilo. No es lo mismo practicar tras haber dormido bien que cuando apenas has descansado.
Ser consciente de todo esto te permite ajustar tu práctica, escuchar lo que tu cuerpo necesita y estar realmente presente. Ayer quizás pudiste ir muy lejos; hoy, tal vez, tu cuerpo te pide quedarte un poco antes.
Escucharte, adaptarte, respetarte: esto es presencia. Esto es yoga.
Una invitación para ti
La próxima vez que te sientes, camines, te muevas, ya sea en una clase de yoga o en cualquier actividad física, lleva tu atención a la respiración.
Observa si el cuerpo y la mente van al mismo ritmo, o si uno corre mientras el otro espera.
En el próximo artículo ...
Te contaré lo que para mí significa realmente una āsana.
Poco a poco iremos adentrándonos más profundamente en este concepto y comprender cómo una práctica de posturas es mucho más que un trabajo físico:
es una forma de conocernos a nosotros mismos.
🧭 Aquí te comparto lo que tiene sentido para mí en este momento, fruto de mis investigaciones y mi experiencia. Tal vez mañana mi visión cambie. Así que escúchate … y quédate sólo con lo que resuene en ti.
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🧘♀️ Respira. Muévete. Libérate.
Todo empieza ahí. (Re)conecta con tu equilibrio corporal.
