Moverse más allá del entrenamiento
Cuando digo que en casa solo tengo una aspiradora de mano, de esas que utilizamos para limpiar el coche, la reacción suele ser siempre la misma: sorpresa. Algunas personas se ríen, otras me miran como si estuviera exagerando o si viviera en la era prehistórica y casi siempre llega la misma pregunta: “¿Y no es incómodo?”
La verdad es que no. Para mí, es una elección consciente.
Limpiar la casa se ha convertido en una oportunidad para moverme: barrer despacio para no levantar, activa mi abdomen más de lo que puedes imaginarte, agacharme e incluso andar en cuclillas para recoger el polvo con mi aspiradora de mano, da movilidad a mi cadera y tobillos, estirarme para limpiar los cristales, cambiar de postura una y otra vez. Son movimientos sencillos, cotidianos, pero cada uno de ellos le recuerda a mi cuerpo algo que muchas veces olvidamos: el cuerpo está hecho para moverse
Cuando descubrí el mundo de las cadenas musculares y la fascia, mi manera de entender el movimiento cambió por completo. No voy a entrar en explicaciones demasiado técnicas —porque son conceptos complejos—, pero sí quiero darte una idea clara de qué es la fascia y por qué juega un papel tan importante en nuestro cuerpo.
De forma sencilla, la fascia es uno de los tejidos que conecta y envuelve músculos, huesos y órganos. Gracias a ella, el cuerpo funciona como una unidad. Por eso, a veces sentimos dolor en una zona, aunque el origen del problema esté en otra parte del cuerpo.
Puede sonar sorprendente —y lo es—: por ejemplo, una tensión en el cuello puede estar relacionada con la forma en que pisas o se mueve tu cadera. La fascia contribuye a transmitir fuerzas y tensiones a lo largo de todo el cuerpo, creando conexiones que no siempre son evidentes a primera vista.
Recuerdo escuchar a uno de mis profesores de yoga, Frank Ramírez (de La Ciencia del Yoga), comentar que si B.K.S. Iyengar hubiera tenido los conocimientos actuales sobre la fascia, su manera de enseñar probablemente habría sido distinta. No sé si la frase es originalmente suya, pero me parece que tiene totalmente razón.
El yoga, como cualquier disciplina viva, necesita evolucionar. Honrar la tradición no significa quedarse inmóvil. Adaptar la práctica al contexto actual —nuestros hábitos, nuestro estilo de vida y nuestra cultura— puede ayudarnos a practicar de una forma más saludable y consciente.
¿Qué es la fascia? Una metáfora sencilla
Primero, imagina que llevas puesto un traje de neopreno que cubre todo tu cuerpo, desde los pies hasta la cabeza.
Ese traje no está dividido en partes, es una sola pieza continua. Si tiras de él desde el pie, notarás que se mueve en otra zona del cuerpo.
La fascia funciona de una manera parecida: es un tejido continuo que envuelve músculos, huesos y órganos, conectándolo todo. Por eso, una tensión en una zona del cuerpo puede influir en otra que, a simple vista, parece lejana.
Para entender esto imagina que estás tumbado en una cama con sábanas de seda. Te mueves un poco, giras el cuerpo, cambias de postura… y todo fluye. La tela se desliza suavemente sobre tu piel, sin resistencia, adaptándose a cada movimiento.
Así se comporta una fascia sana: permite que el cuerpo se mueva con facilidad, sin fricción ni bloqueos.
Ahora imagina que mientras te mueves, la sábana se enreda alrededor de uno de tus pies y se hace un nudo. Ahora cuando intentas girarte o estirarte, notas que algo tira. El movimiento ya no es tan libre. Tienes que compensar, moverte de otra manera, forzar un poco desde otro lado.
El resto de la sábana sigue siendo de seda, pero ese pequeño nudo cambia por completo la calidad del movimiento.
Eso es lo que ocurre cuando la fascia pierde su capacidad de deslizamiento.
Ese “nudo” puede aparecer por muchos motivos: falta de movimiento, movimientos repetitivos, estrés prolongado, golpes, cirugías o cicatrices. El tejido deja de moverse con libertad y el cuerpo, para seguir funcionando, empieza a compensar.
Y lo más interesante es esto: el problema no siempre se manifiesta donde está el nudo. A veces el dolor aparece en otra zona, porque el cuerpo busca caminos alternativos para poder moverse.
Un ejemplo muy claro de ese “nudo” en la fascia es una cicatriz. Aunque la piel haya cicatrizado bien, en profundidad el tejido ha perdido parte de su capacidad de deslizamiento. En algunos casos, esa pequeña restricción puede influir en el movimiento del tronco, la pelvis o incluso las piernas, y el cuerpo empieza a compensar para seguir moviéndose.
Es como en la cama con sábanas de seda: el nudo no ocupa mucho espacio, pero condiciona cómo se mueve todo lo demás.
Movimiento, postura y hábitos modernos
Cuando la fascia pierde elasticidad, nuestro cuerpo se adapta: cambia la postura, aparecen compensaciones, algunos músculos se sobrecargan y otros se debilitan. Con el tiempo, pueden surgir molestias o dolor.
Hoy en día, pasamos muchas horas sentados, moviéndonos poco y casi siempre en los mismos rangos. Incluso cuando hacemos ejercicio, solemos repetir patrones similares, con los mismos rangos de movimiento: flexionar, extender, empujar… pero con poca variedad.
Sin embargo, la fascia —y el cuerpo en general— responde mejor a movimientos variados, amplios y tridimensionales. Basta observar a los niños: se agachan, se retuercen, reptan, saltan, se cuelgan, cambian de postura constantemente. Ese tipo de movimiento diverso es un gran estímulo para la salud del tejido.
No es la edad, por sí sola, la que nos vuelve rígidos. En gran medida, es la falta de movimiento variado.
Moverse más allá del entrenamiento
Cuidar el cuerpo no significa solo entrenar una hora al día. Significa moverse a lo largo de toda la jornada: subir escaleras, agacharse, alcanzar objetos en alto, caminar, cambiar de postura con frecuencia.
A menudo nos da la sensación que no tenemos tiempo para añadir más cosas a nuestra agenda pero en realidad no se trata de añadir más, sino de aprovechar lo que ya tenemos.
Pero antes de continuar y contarte como aprovechar lo que ya tienes en tu día , te invito a ver el documental que existe sobre la fascia: La fascia : un mundo misterioso bajo la piel.
Disfrútalo y cuéntame que te ha parecido…
En el próximo artículo…
Entraré en lo práctico:
qué necesita la fascia para mantenerse sana y cómo cuidarla en el día a día.
🧭 Aquí te comparto lo que tiene sentido para mí en este momento, fruto de mis investigaciones y mi experiencia. Tal vez mañana mi visión cambie. Así que escúchate … y quédate sólo con lo que resuene en ti.
📍 Châtel-St-Denis: clases presenciales y online personalizadas
📩 info@corpsconscient.ch
🧘♀️ Respira. Muévete. Libérate.
Todo empieza ahí. (Re)conecta con tu equilibrio corporal.
