¿Existe la dieta perfecta?
Hoy no voy a hablaros de yoga. Al menos no directamente.
Cuando empezamos a reconectar con nuestro cuerpo surge una pregunta inevitable:
¿Qué debo comer? ¿Es cierto que ser vegetariano me hace más flexible? ¿Existe la dieta ideal?
Yo misma me he hecho estas preguntas y he probado distintas dietas. He escuchado a vegetarianos, carnívoros, crudiveganos... Y, sinceramente, cuando escuchas sus argumentos, todas las teorías parecen válidas.
Sigo sin tener una respuesta clara,pero desde mi experiencia y la observación de mi cuerpo me he dado cuenta de que no todo es para todos. Lo que le va bien a uno, no le sirve a otro.
No creo que exista una dieta estándar. Pienso que es más complejo de lo que creemos y son muchos los factores que entran en juego.
Hoy te cuento mi experiencia por si te sirven de guía.
La huella de tu infancia: Mar vs. Montaña
La alimentación no es solo lo que comes, es también tu historia. Escuchamos a menudo que hay que comer «local y de cercanía». No lo pongo en duda, tiene todo el sentido ecológico y lleno de sentido común.
Tampoco voy a entrar aquí en los valores y principios éticos de cada uno, donde todo es válido y depende de aquello en lo que creas. Eso es indiscutible.
Pero si hablamos puramente de biología, ¿qué pasa si tu cuerpo se construyó en otro entorno?
Te pongo mi ejemplo personal:
Ahora vivo en la montaña. La lógica diría que debo comer lo que produce mi entorno. Pero mi infancia transcurrió en la costa y mi base corporal se construyó a base de productos del mar.
Es cierto que el cuerpo tiene una increíble capacidad de adaptación. Llevo años fuera de mi pais y mi cuerpo se ha aclimatado a la altura y al entorno. Pero existe algo llamado «impronta metabólica». Mis células se desarrollaron con unos nutrientes en cantidades específicas que formaron mis cimientos.
Aunque mi cuerpo se adapte al nuevo entorno, no se adapta a reducir la cantidad de nutrientes con los que es funcional. Si elimino el pescado de mi dieta, mi energía baja, hasta el punto que si dejo de consumirlo, tengo que suplementarme obligatoriamente para compensar esa bajada y que mi vitalidad no decaiga. Mi cuerpo no negocia sus necesidades básicas, esto es porque el entorno en la infancia crea una base biológica única.
Los enemigos comunes (y lo que nos dice el cuerpo)
No soy partidaria de prohibir nada radicalmente (lo he hecho y no me ha funcionado), pero he visto que hay principios básicos comunes a casi todas las dietas que funcionan.
Mi cuerpo me lo muestra claramente, al día siguiente de comer ciertos alimentos, noto mis articulaciones más inflamadas, mi cuerpo menos flexible y mi movilidad reducida.
Tendrás que descubrir cuáles son tus detonantes, pero hay algunos que suelen afectarnos a casi todos por igual y que es recomendable reducir al mínimo:
- El azúcar blanco (el gran inflamador).
- Las harinas refinadas y la sal refinada.
- Los lácteos.
- Y, sobre todo, los ultraprocesados.
Documentales como «Sugarland» han mostrado el impacto que algunos de estos ingredientes tienen en nuestra salud.
Salud es también libertad
Dicho esto, la rigidez también enferma. Y ser muy estrictos puede acabar volviéndose en nuestra contra, generándonos más ansiedad que salud.
Hace algunos años escuché un concepto que me resonó mucho. Desde que lo pongo en práctica, he encontrado lo que me conviene y me da tranquilidad:
Intentar que mi alimentación sea lo más saludable, correcta e ideal para «mi cuerpo» el 80% del tiempo. El 20% restante puedo ser flexible y adaptarme a las circunstancias, sabiendo que mi cuerpo lo gestiona perfectamente. Así:
- En fechas como las Navidades, cumpleaños o eventos, disfruto de lo que hay en la mesa (sin obligarme a nada, si me apetece, lo como) y mi mente ya no cuestiona todo el tiempo «si debería o no comerlo». Simplemente disfruto del momento y de la compañía.
- Si voy a un restaurante, me permito adaptarme con libertad a la carta. Y lo hago sin culpa, porque sé que la mayoría de mis días mi base es sólida.
A veces es mucho más saludable comer ese plato «menos sano» rodeada de amigos, con conversaciones constructivas, riendo y disfrutando, que comerse un plato de verduras orgánicas simplemente por tener miedo a enfermar.
Esto lo explica muy bien Anita Moorjani en su libro «Morir para ser yo». Cuenta cómo su dieta «sana y estricta» era fruto del pánico a la enfermedad. Su conclusión fue reveladora: el miedo (estrés) con el que comía era mucho más tóxico para su cuerpo que cualquier ingrediente.
Una sabiduría milenaria: Ayurveda
Curiosamente, en la India, el Ayurveda (la ciencia hermana del Yoga) lleva miles de años diciéndolo. No soy una experta en Ayurveda, pero sus principios nos enseñan que cada persona tiene una constitución única (Dosha) y lo que es medicina para uno, puede ser veneno para otro. No hay dos cuerpos iguales, por tanto, no puede haber dos dietas iguales. Si aprendes a escucharte sabrás qué es lo mejor para ti, porque tu cuerpo te habla continuamente.
Y …
Sin embargo, elegir los alimentos correctos es solo la mitad de la historia.
Si comes sano el 80% del tiempo, escuchas tu cuerpo y respetas tu historia… ¿por qué a veces sigues sintiéndote inflamado/a o sin energía?
Porqué hay un «ingrediente invisible» que solemos ignorar. Uno que no está en el plato, pero que decide si tu cuerpo digiere o se bloquea. Pero …. de este ingrediente hablaremos en el próximo articulo.
Y tú …
- ¿Te has sentido alguna vez perdido/a entre tantas teorías de lo que es mejor comer?
- ¿Has notado esa «llamada» de los alimentos de tu infancia o sientes que tu cuerpo se adapta con facilidad independientemente de dónde estás?
- ¿Desde qué emoción te alimentas: desde el miedo o desde el placer de nutrirte?
Nota para mentes curiosas …
Si te interesa y quieres profundizar más sobre la «memoria biológica», aquí tienes algunas pistas de búsqueda:
- Sobre cómo tu infancia crea tu base: Orígenes del Desarrollo de la Salud o la «Hipótesis de Barker» (Fetal Programming of Adult Disease). Estos estudios demuestran cómo la nutrición de tus primeros 1.000 días programa tus órganos para siempre.
- Sobre la adaptación al entorno: «Hipótesis del Desajuste Evolutivo» (The Mismatch Hypothesis) de Gluckman y Hanson. Explica científicamente por qué se produce un desajuste cuando tu cuerpo «predice» un entorno al nacer y vive en otro distinto.
En el próximo articulo ...
Te hablaré de ese enemigo silencioso y de por qué tu Sistema Nervioso es tan importante como tu lista de la compra.
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🧭 Aquí te comparto lo que tiene sentido para mí en este momento, fruto de mis investigaciones y mi experiencia. Tal vez mañana mi visión cambie. Así que escúchate … y quédate sólo con lo que resuene en ti.
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🧘♀️ Respira. Muévete. Libérate.
Todo empieza ahí. (Re)conecta con tu equilibrio corporal.
